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El juego: una experiencia que transforma el aprendizaje y el desarrollo de las niñas y los niños
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Por: Laura Guzmán Soto
Coordinadora pedagógica Jardines Infantiles aeioTU de Operación Privada
Día Internacional del Juego: una invitación a reconocer su valor
En 2024, la Asamblea General de las Naciones Unidas proclamó oficialmente el 11 de junio como el Día Internacional del Juego, reconociendo que jugar es un derecho fundamental y una experiencia esencial para el aprendizaje, el bienestar y el desarrollo integral de las niñas y los niños. Esta declaración representa una oportunidad para visibilizar algo que quienes trabajamos por la primera infancia hemos sabido durante décadas: “El juego es aprendizaje en sí mismo y es la base para todo aprendizaje.”
Esta fecha nos invita a reflexionar sobre una pregunta fundamental: ¿qué sucede cuando una niña o un niño juega?
La respuesta es poderosa. Cuando juega, explora el mundo, construye relaciones, desarrolla habilidades, expresa emociones, resuelve problemas, imagina posibilidades y aprende sobre sí mismo y sobre los demás.
Lo que nos dice la evidencia
Diversos estudios provenientes de la psicología del desarrollo, la neurociencia, la antropología y la educación han demostrado la estrecha relación entre juego, aprendizaje y desarrollo infantil. La evidencia muestra que las experiencias de juego favorecen el desarrollo cognitivo, emocional, social y físico de las niñas y los niños (Whitebread et al., 2017).
Más allá de las distintas definiciones existentes, el juego es reconocido como una actividad intrínseca al ser humano, en la que el proceso tiene más valor que el resultado final (Smith y Pellegrini, 2008). Es una experiencia que surge de manera natural desde los primeros años de vida y que permite a las niñas y los niños comprender, representar e interpretar el mundo que los rodea.
A través del juego se construye cultura, se fortalecen vínculos y se generan oportunidades permanentes para el aprendizaje. Por esta razón, las experiencias de juego durante la primera infancia son especialmente valiosas, ya que ofrecen contextos ricos y significativos para el desarrollo de habilidades que acompañarán a las personas a lo largo de toda la vida.

¿Qué hace que el juego favorezca el aprendizaje?
La investigación sobre aprendizaje a través del juego identifica algunas características esenciales que potencian el desarrollo infantil (Liu et al., 2017):
Estas características activan múltiples procesos cerebrales de manera simultánea, fortaleciendo las bases para futuros aprendizajes y contribuyendo al desarrollo integral desde los primeros años de vida.
El juego en los jardines infantiles aeioTU
En los jardines infantiles aeioTU entendemos el juego como una de las experiencias fundamentales para el aprendizaje y el desarrollo de las niñas y los niños.
Por ello, el juego no se limita a un momento específico del día, sino que atraviesa los momentos cotidianos del jardín. Está presente en los procesos de exploración, en los proyectos de investigación que nacen de las preguntas de las niñas y los niños, en las conversaciones, en los ambientes cuidadosamente diseñados y en las interacciones que construyen con otros.
Reconocemos a cada niña y cada niño como protagonista de su aprendizaje. Por esta razón, promovemos experiencias que parten de sus intereses, curiosidades y formas particulares de comprender el mundo, generando oportunidades para investigar, formular hipótesis, imaginar, crear, construir y descubrir el mundo que los rodea; ya que por medio del aprendizaje a través del juego las niñas y niños pueden aplicar los nuevos conocimientos en diferentes situaciones y a su vez desarrollar diversas habilidades para la vida, implicando procesos cognitivos y emocionales. (Mardell et al., 2023)
Nuestros ambientes, tanto en aulas como los espacios comunes, son concebidos como terceros educadores que invitan al movimiento, la exploración, la experimentación y el encuentro con otros. En ellos, el juego se convierte en una oportunidad para desarrollar habilidades cognitivas, emocionales, sociales, creativas y comunicativas de manera integrada y significativa.

El papel de los educadores: crear las condiciones para hacer visible el poder del juego
Cuando hablamos de aprendizaje a través del juego, el papel de los educadores[1] resulta fundamental. La evidencia muestra que las experiencias de juego alcanzan su mayor potencial cuando son acompañadas por adultos que comprenden su valor y generan las condiciones para que las niñas y los niños exploren, imaginen, creen y construyan conocimiento.
Esto implica reconocer que el juego no ocurre únicamente de manera espontánea, sino que puede enriquecerse a través de ambientes pedagógicos cuidadosamente diseñados y provocadores, preguntas que despiertan la curiosidad y relaciones que brindan seguridad emocional.
Diversos estudios han señalado que los momentos de juego reúnen de forma natural características que favorecen el aprendizaje: generan alegría, involucran activamente a las niñas y los niños, promueven la interacción social, permiten experimentar nuevas ideas y construir significado sobre el mundo que los rodea (Jensen et al., 2019). Por ello, el rol del educador consiste en identificar y potenciar estas oportunidades.
En los jardines infantiles aeioTU entendemos que acompañar el juego requiere observar con atención, escuchar las preguntas de las niñas y los niños, reconocer sus intereses y ofrecer experiencias que conecten estas curiosidades con oportunidades significativas de aprendizaje y desarrollo.
Este acompañamiento puede adoptar diferentes formas. En algunos momentos, las niñas y los niños lideran completamente la experiencia mediante el juego libre; en otros, las maestras participan de manera intencionada a través del juego guiado o proponen experiencias más estructuradas mediante el juego dirigido. Lo importante es reconocer que cada una de estas formas tiene valor y responde a distintas oportunidades de aprendizaje (Maldonado-Carreño et al., 2023).
Más que dirigir el juego, los educadores actúan como facilitadores sensibles que se adaptan a las necesidades de cada niña y niño, construyen relaciones de confianza, ofrecen apoyo cuando es necesario y acompañan el establecimiento de límites de manera respetuosa. Estas acciones, descritas por Reeve (2012) como principios fundamentales de una facilitación efectiva, contribuyen a que el juego se convierta en una experiencia rica, significativa y profundamente humana.
Cuando un educador comprende el valor del juego, deja de preguntarse si las niñas y los niños están aprendiendo mientras juegan, para empezar a descubrir todo lo que están aprendiendo precisamente porque están jugando.

Una responsabilidad compartida
Promover el juego es una responsabilidad que involucra a las familias, las instituciones educativas, las comunidades y la sociedad en general.
Cuando las niñas y los niños cuentan con tiempo, espacios y oportunidades para jugar, aumentan sus posibilidades de aprender, desarrollarse y construir habilidades para la vida. Por ello, en este Día Internacional del Juego reafirmamos nuestro compromiso de seguir creando experiencias que reconozcan el valor del juego como un derecho, una forma de expresión y una poderosa herramienta para el aprendizaje.
Porque cuando una niña o un niño juega, no está simplemente ocupando su tiempo: está descubriendo el mundo, construyendo conocimiento, fortaleciendo relaciones y desarrollando todo su potencial. En aeioTU seguiremos defendiendo el juego como un derecho, una oportunidad para aprender y una experiencia esencial para crecer.
[1] Educador, entendido como la persona que a partir de la relación con las niñas y los niños genera aprendizajes en su proceso de formación
(profesionales psicosociales, nutricionistas, caseras, manos amigas, personas de la comunidad, etc.).
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