Primera Infancia:
La etapa donde nace la movilidad social
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La etapa donde nace la movilidad social
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Primera Infancia:
La etapa donde nace la movilidad social
Por: Victoria Arciniegas
Directora Ejecutiva aeioTU
En Colombia, estamos viviendo unas elecciones presidenciales sin debates, sin la oportunidad de escuchar a los candidatos discutir a fondo su visión de país. Hemos visto intercambios sobre economía, seguridad, rol del Estado y sostenibilidad fiscal, pero uno de los grandes ausentes de la conversación ha sido la educación. ¿Dónde nace realmente la desigualdad?, ¿Cuáles son los predictores de las oportunidades que tendrá una persona a lo largo de su vida? y, en términos generales, ¿Qué potencia o frena la movilidad social?
Una de las respuestas más evidentes está en la educación. Sin embargo, cuando pensamos en educación solemos mirar hacia la educación superior o la formación para el trabajo. Olvidamos que la trayectoria educativa comienza mucho antes, que durante los primeros años de vida se desarrolla la mayor parte de las conexiones neuronales que servirán de base para todo lo que viene después.
Por eso hablar de primera infancia no es solamente hablar de cuidado o de apego. Es hablar de cómo se construyen las bases del capital humano de un país. Es reconocer que entre los 0 y los 5 años empezamos la vida con ventajas o desventajas que, en muchos casos, nos acompañarán durante décadas. La brecha de la inequidad no aparece de un momento a otro; empieza a abrirse cuando la atención integral a la primera infancia deja de ser una prioridad.

Colombia tiene mucho que mostrar en esta materia. Este año la Estrategia De Cero a Siempre cumple quince años y la Ley que la elevó a política de Estado cumple una década. Tenemos institucionalidad construida, estándares de calidad definidos, capacidad técnica instalada y experiencia acumulada en articulación intersectorial. Pocos países de la región han logrado construir una arquitectura de política pública tan robusta para la primera infancia.
Y, sin embargo, hay dos preguntas que no hemos respondido con suficiente honestidad. ¿Hemos logrado ampliar la cobertura? ¿Estamos logrando sostener la calidad?
En la etapa más decisiva para el desarrollo cognitivo, emocional y social, las brechas siguen siendo profundas. Más de la mitad de los niños y niñas no accede a educación inicial y seguimos sin contar con sistemas robustos y continuos para monitorear la calidad de las experiencias que reciben.
Y millones de niñas y niños pasan buena parte de sus días al cuidado de abuelas, vecinas, cuidadoras comunitarias y redes informales que sostienen silenciosamente una parte fundamental del sistema de cuidado del país. Fortalecer ese entorno no es marginal. Es una condición necesaria para ampliar oportunidades y reducir desigualdades desde los primeros años de vida.

El llamado es simple: en Colombia la movilidad social comienza, o se frena, desde los primeros años de vida, y esa realidad sigue ocupando un lugar demasiado pequeño en la conversación nacional.
Y cuando hablamos de calidad, no es una idea abstracta. Estamos hablando de talento humano, de formación, de acompañamiento, de datos para tomar decisiones y de instituciones capaces de sostener una política más allá de un periodo de gobierno.
Ojalá el próximo gobierno contribuya a cambiar la conversación. Durante años hemos concentrado la conversación en ampliar la cobertura. Pero si queremos hablar seriamente de equidad y movilidad social, la conversación tiene que avanzar.
La calidad en la primera infancia no es la única respuesta a la desigualdad, pero sí una de las más poderosas. Porque es en esos primeros años cuando se define, muchas veces de manera silenciosa, si el lugar donde nace un niño o una niña marcará el límite de sus oportunidades o apenas el comienzo de su trayectoria.
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